viernes, 23 de marzo de 2012

Morir todavía


—¿Alguna vez has pasado toda la noche sin dormir por el miedo a morirte? 



1. Le toqué el vientre y noté los latidos de mi corazón entre las yemas y su piel.

2. Recuerdo una vez que intenté contar sus latidos con mis dedos pero no supe.

3. El ventrículo izquierdo es enorme y la fuerza con la que se contraen sus fibras musculares, inmensa. Pero puede pararse cualquier día, a cualquier hora, en cualquier minuto.

4. El día que lo entendí, con 15 años, no pude dormir por miedo a cerrar los ojos y no volver a abrirlos. Después de ese día, decidí olvidarlo.

5. Nadie puede vivir sabiéndolo, así  que decidimos hacer como si no pudiese ocurrir, como si esa hipoteca que firmamos, las vacaciones que contratamos, ese "te veo la semana que viene" fueran promesas irrompibles. Pero puede que la semana que viene no te veas y todo se quede a medias.


Creo que ya hablé de algo parecido hace tiempo... Un mal día.




Por cierto, ya no estoy oficialmente loca, aunque a veces mi cabeza hile los pensamientos de esta manera en mitad de la noche y sin venir a cuento. 

6 comentarios:

LiNa dijo...

¿y como lo has hecho para no estarlo? de todas formas seguimos siendo "poco creibles"...

yo no he sentido nunca miedo de dormirme y morir, sino mas bien, dormir y que se muriera.

Lo primero.. que hay de malo? no conozco mejor manera de morir que durmiendo.

saludos!

amelche dijo...

Pues sí, creo que todos intentamos ignorarlo, hasta que nos toca de cerca.

Un abrazo.

xnem dijo...

Creo que fue el pintor Joan Ponç, no se que problemas tuvo, pero en una ocasión le oí decir algo así; " Yo estoy oficialmente loco, no como Dalí que se lo hace". Son matices que la medicina debe aún estudiar y rectificar, no hace mucho se escondía a los niños con síndrome de Down. Viva la locura!

robertö dijo...

Yo estaba en Bolivia, en un pueblucho. Me sentí mal por la altura y me fui a internar al hospital del pueblo. Me quedaba sin aire. Me acompañaron un rato larguísmo para que me calmara un médico y una enfermera. Me diagnóstico edema de altura, que era algo jodido. Cuando me dormía conocía la sensación de quedarme sin aire y despertar pegando una bocanada desesperada. No quería que eso me sucediera así que decidí que la falta de aire (y la muerte) no me tomara por sorpresa, me quedaría despierto. Era de noche, y más de noche en mi país, estaba solo, solo con mi celular en la mano, acostado en una habitación de un hospital perdido en un pequeño pueblo en la altura. Si llamaba a mi familia para avisar que en horas me iba a quedar sin aire no les aportaría mucho, estaban a miles de kilometros de distancia. Me quedé aferrado al celular, y me di cuenta que me dormí, cuando me despertó una señora con un tazón enorme de café negro y un pan duro. Me sentía mejor, fue un gran desayuno. Luego me fui a La Paz y el médico del seguro me dijo que si tuviera edema no estaba hablando con él. Tenía mal de altura, me dijo que mi corazón estaba luchando por adaptarse a la falta de oxígeno. Lo cual era lo más normal del mundo para alguien del llano.

Siempre me llamó la atención ese argumento de no dormir para no morir durmiendo, como si el estar alerta me hubiera dado más posibilidades o me hubiera hecho sufrir menos si definitivamente no pudiera respirar.

Anónimo dijo...

Adoro tus publicaciones GRACIAS!!!!! por compartir todo esto..

Lina Maria Perez Medina dijo...

Hola, me gusta tu blog, no soy muy ágil buscando, puedes indicarme cómo puedo seguirte?